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Fragmento del libro Competitividad Internacional. Un análisis crítico. La brecha de la competitividad en México (Segunda parte)

 

En esta sección se examinarán los resultados de los estados de México durante las dos décadas del presente siglo, utilizando como fuente principal los índices periódicos y las bases de datos del Instituto Mexicano para la Competitividad.

El análisis de los 32 Estados de la república ha permitido confirmar e identificar con mayor detalle, las persistentes diferencias entre las distintas regiones del país, lo que parece confirmar la hipótesis que se ha venido desarrollando: la brecha de la competitividad sea a nivel nacional o internacional es originariamente estructural, acumulativa, difícilmente reversible y es otra de las dimensiones de la desigualdad.

Lo anterior se ha ido comprobando durante el análisis de los datos entre países que ofrece el IMCO.

Porque la brecha se mantiene en las economías de todas las regiones. Se observa entre economías de la Unión Europea y, en América del Norte, lo confirma la interdependencia asimétrica en la región.

A nivel global, esas distancias son muy visibles entre países desarrollados y emergentes y entre éstos últimos y los países de menor desarrollo relativo.

A continuación, se examinan los datos de la situación que se presenta en las 32 entidades federativas de México.

Si se toma como punto de partida el índice general de competitividad nacional, que se mide con una puntuación de cero a cien, lo primero que se percibe es una muy amplia disparidad entre los estados más industrializados y los de menor desarrollo y mayor atraso.

La Gráfica 1 ilustra la evolución del índice general por estados1 y su comparación de 2001 a 2020.

En 2020 sólo nueve estados (Ciudad de México, Nuevo León, Querétaro, Coahuila, Jalisco, Aguascalientes, Sinaloa, Baja California Sur y Sonora) superan un score superior a los 50 puntos, en tanto que 23 entidades se ubican por debajo de ese nivel.

Diez entidades (Hidalgo, Morelos, Zacatecas, Michoacán, Veracruz, Tlaxcala, Tabasco, Oaxaca, Chiapas y Guerrero), que obtienen puntuaciones cercanas a la frontera de 25% se ubican en las últimas posiciones.

La Ciudad de México, centro político y económico de la nación, ofrece un panorama paradójico con algunas luces, pero también muchas sombras.

Durante esas dos décadas se mantuvo como el estado con los mejores resultados en el índice general, aunque con importantes fluctuaciones. Primero un estancamiento de 2001 a 2005 con un breve repunte en 2006 y, a partir de este año, comienza un declive que no se detiene sino hasta 2014 que continúa hasta 2018. El año siguiente se observa un repunte, tal vez inercial.

Todavía es aventurado anticipar el efecto los cambios en la competitividad de México, derivados de las políticas de la administración que inició el nuevo gobierno desde la segunda mitad del año de 2018. Parece improbable que, una vez que se mida este fenómeno en los años siguientes, continúe esa expansión pues a medida que se han ido publicando algunos resultados macroeconómicos reciente, más bien se puede anticipar una profunda caída. Así lo sugieren el crecimiento cero del PIB en 2019 antes de la pandemia, seguido de una contracción del PIB de 8.5% --no experimentada en décadas— asociada a los efectos adversos de la triple crisis de salud, económica, social y política. Ver Gráfica 2.

Si se considera el promedio simple por administraciones políticas, en el sexenio 2001-2006 el índice general fue de 66.0 puntos, el siguiente 2007-2012 logró un score de 65.4 y el durante el gobierno 2013-2018 la puntuación fue de 65. Ver Gráfica 3

El desempeño de Ciudad de México termina siendo el mejor ejemplo del rezago en la competitividad total. La capital del país que centraliza una parte muy importante de la dinámica y la dualidad nacional exige un cambio en la visión de un mejor futuro.

Porque, aparte de los logros económicos, el enfoque más amplio de la competitividad requiere mejor infraestructura de transporte, enfrentar el desafío de la inseguridad y muchos otros requerimientos urbanos que han sido totalmente rebasados y son la mejor cara visible de la desigualdad económica y social.

La brecha de la competitividad se hace evidente si se lleva a cabo la comparación entre los estados con la mayor y la menor puntuación en los índices. Por ejemplo (Ciudad de México y Guerrero respectivamente), que se representan en la Gráfica 4.

Aunque son notables las distancias en casi todos los subíndices económicos y tecnológicos, llama la atención que en dos ellos: a) Sistema de Derecho Confiable y Objetivo y b) Sistema político estable y funcional, ambas entidades obtuvieron bajas evaluaciones y muy similares. Guerrero (55.3) rebasa ligeramente a la Ciudad de México (54.3) en el primero y, en el segundo, Guerrero (36.8) no está muy alejado de los resultados de la CDMX (41.8).

Las líneas de frontera de 25% y 50% permiten una mejor comparación. Guerrero alcanza puntuaciones cercanas o menores al 25% en Gobiernos eficaces y eficientes (12.7), Mercado de factores eficientes (27.1), Sectores precursores de clase mundial (28.2), Aprovechamiento de las relaciones internacionales (9.7) e Innovación y sofisticación en los sectores económicos (24.9).

Para el resto de los subíndices la brecha es muy pronunciada, pues la CDMX supera puntuaciones por encima de la frontera de 50%, a excepción del Aprovechamiento de las relaciones internacionales cuya medición apenas alcanza 30.3 de 100.

Es inexplicable que siendo México uno de los países con el mayor número de convenios de libre comercio y de desgravaciones arancelarias, no aproveche esos instrumentos internacionales para promover sus intereses a través de una presencia más activa en el mundo, que se reflejaría en las variables de este subíndice que favorecerían la competitividad.

Guerrero, uno de los más famosos centros turísticos desde hace décadas, sólo logró una la puntuación de menos de 10, de cien puntos posibles. Las acciones de promoción internacional de ese estado están esperando para mejorar esas variables de las ventajas competitivas naturales que poseen las playas del Pacífico. 

Volviendo al caso de la CDMX si bien concentra algunos de los mejores logros a nivel nacional y un desempeño por encima de las otras entidades en todo el período que se analiza, también muestra grandes debilidades. Por ejemplo, de los diez subíndices en que está estructurado el índice general, cuatro de ellos (Sistema de derecho confiable y objetivo, Sociedad incluyente preparada y sana, Sectores precursores de clase mundial e Innovación y sofisticación en los sectores económicos, presentaron resultados más bajos en 2020 que al inicio del siglo (Gráfica 5).

A su vez, Manejo sustentable del medio ambiente, Economía estable y Aprovechamiento de las relaciones internacionales, experimentaron solo una leve mejoría. Los dos únicos subíndices que muestran un claro avance son el Sistema político estable y funcional y Gobierno eficientes y eficaces.

Veamos ahora la brecha de la competitividad a nivel de los estados. 

Si se comparan los promedios generales de los subíndices de competitividad del país durante las últimas dos décadas, se obtiene una fotografía de las deformaciones en el desarrollo económico y social de México, que se expresan a través de los índices que se vienen analizando.

Además de los resultados generales por estados, enseguida se presenta el desempeño desagregado. que permite aclarar aún más las áreas con mayor debilidad.

Para ese fin, se calculó el promedio simple de las 32 entidades, de cada uno de los diez subíndices.

Las Gráficas 6a y 6b ofrecen una interesante comparación entre la puntuación alcanzada en 2001 y los resultados de 2020 y reflejan de manera irrefutable la brecha entre la competitividad estatal y regional. La Gráfica 6a se construyó a partir del promedio simple de las cinco entidades que obtuvieron los peores resultados en los diez subíndices al inicio del siglo y veinte años después, mientras que la Gráfica 6b es una selección de las seis entidades que alcanzaron los mejores resultados.

Se adicionó una línea de frontera de 50% que permite visualizar el bajo desempeño en todos los subíndices, a excepción del subíndice de Sistema de derecho confiable y objetivo, que alcanza un score de casi 60 puntos, por ejemplo.

Co base en la comparación de esos subíndices, se pueden obtener las siguientes conclusiones:

    • La puntuación promedio se ubica alrededor de la frontera del 50% en casi todos los subíndices, tanto en el año inicial de 2001 como después de dos décadas en 2020, lo que confirma sólo un ligero aumento en ese largo período.
  • Lo que más sorprende es que en varios subíndices se observan retrocesos, Son los casos del Manejo sustentable del medio ambiente, Sociedad incluyente, preparada y sana, el Sistema político estable y funcional y l Gobiernos eficientes y eficaces.
  •  La notable excepción es el subíndice de Derecho confiable y objetivo que con una puntuación de 60.8 en 2020 es casi idéntico al de 2001. Lo anterior parecería no corresponder a la permanencia de la extendida violencia e impunidad prevaleciente en el país. Tal vez deberían revisarse los indicadores que miden este subíndice.
  • Esos resultados no responden ni a las exigencias de la inserción del país en el ámbito internacional ni a las expectativas de desarrollo interno.
  • Se aprecia con toda claridad la debilidad en las variables que componen tres de los más importantes subíndices que miden factores fundamentales en el desarrollo económico y social en este siglo del conocimiento.
  • Es contrastante que la considerada “décimo quinta economía mundial”, con volúmenes de exportación --superiores a los de todos los países de América Latina— no haya mejorado esas variables tecnológicas indispensables para hacer frente a los cambios que está imponiendo el orden económico en transición, con profundos cambios en los paradigmas que se estructuraron desde hace ocho décadas.

La dimensión geográfica de la brecha de la competitividad entre los estados de México se visualiza en los Mapas 1 y 2.

Con tal fin, el autor agrupó a los estados en tres categorías: los más avanzados con puntuación mayor a 50 puntos, los de desempeño medio con score superior a 40 puntos, pero menor a 50 y aquellos con resultados menores a 40 puntos.

En las dos décadas del presente siglo, la brecha se ha mantenido con pequeñas variaciones. Entre nueve y diez estados del Norte, Centro y la Ciudad de México se ubican en el rango de mayores de 50 puntos, en tanto que entre 8 y diez entidades del sur y sursureste no han podido escapar de bajos rendimientos iguales o menores a 30 puntos.

La comparación reseñada entre los resultados de los subíndices entre la Ciudad de México y Guerrero en la Gráfica 2 ejemplifican a la perfección la brecha insalvable de la competitividad en los últimos veinte años. Se obtiene resultados similares entre Nuevo León y Tabasco o entre Querétaro y Chiapas.

Anexos

 

Gráfica 1

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Elaborada por el autor con datos tomados de las bases de datos de los índices de competitividad 2001 a 2020. (IMCO, 2020).

Gráfica 2

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Gráfica 3

Chart
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Gráfica 4

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Gráfica 5

 

Gráfica 6

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Mapa 1y 2 1

Map
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Bibliografía

IMCO. (27 de Abril de 2020). Instituto Mexicano pafa la competividad . Obtenido de Índices : http://imco.org.mx/indices/

 


1.- El índice general se despliega de mayor a menor puntuación tomando como eje los valores de 2020