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Nos vemos en las urnas

“La soberanía radica esencial y originariamente en el pueblo.
Todo poder público dimana del pueblo y se instituye para beneficio de éste.
El pueblo tiene en todo tiempo el inalienable derecho de
alterar o modificar la forma de su gobierno.”
Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos. Art 39.

“La renovación de los poderes Legislativo y Ejecutivo
se realizará mediante elecciones libres, auténticas y periódicas” c
Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos. Art 41

Sirvan de introducción a esta nota, dos de las disposiciones de la máxima ley que rige los destinos de esta nación.

Porque estamos en medio de un proceso electoral complejo y definitorio del futuro que deseamos para nuestros hijos y nietos.

El camino se ha vuelto estrecho y los actores que transitan en un sentido y otro están en constante antagonismo, que sólo nosotros podemos deslindar.

Por eso la participación de toda la ciudadanía (el pueblo en el concepto de la constitución), tiene el derecho y la obligación de expresar con su voto, sus aspiraciones y anhelos como sociedad.

Porque lo que elijamos no es un redentor, sino los representantes de ese acuerdo social llamado gobierno por medio del cual esos ciudadanos planeen, organicen, administren y rindan cuentas a los mexicanos sobre las amplísimas necesidades de la población, por ejemplo, la preservación de la vida y la salud y la educación.

El paquete social completo lo integra el derecho y la justicia, el poder y la democracia y la riqueza y su distribución que son los tres pilares de la filosofía del Estado.

El proceso electoral en curso –renovación en la gobernanza prácticamente en todo el país-- es un desafío y una oportunidad para decidir cómo y quienes serán los ciudadanos que verdaderamente sirvan y representen mejor los intereses de los 126 millones de mexicanos.

El momento político, económico y social es inquietante, por decir lo menos, con una sociedad profundamente dividida y fragmentada, enferma, enojada, con una perversa e incontrolable inseguridad y, para rematar, creciente desempleo, pobreza y y desesperanza.

A la entrada del infierno en la Divina Comercia del filósofo florentino Dante Alighieri, se leía “Lasciate ogni speranza voi ch'entrate”1

También nosotros tenemos que dejar atrás cualquier falsa esperanza para ser los autores y actores del destino de México, pero en las urnas el próximo 6 de junio

En el ámbito externo ya perdimos la brújula y hay que hacer correcciones de fondo, pues se ha desperdiciado uno de los mejores talentos nacionales en la materia.

Los datos no mienten. Éramos poco menos de 90 millones registraos en el padrón electoral del INE. El resultado de las democráticas elecciones de 2018 indica que sufragaron 30.1 millones de personas en favor de la coalición “Juntos haremos historia” mientras que 60 millones votaron por otros candidatos o se abstuvieron. El padrón electoral para el próximo 6 de junio será de 93.5 millones de votante potenciales.

Es decir, somos una aplastante mayoría quienes decidimos no votar por esa extraña aleación política y, por ello, hoy nos gobierna una minoría.

En otras palabras, ejerzamos nuestro derecho constitucional que otorga la Constitución al establecer que el “poder público dimana del pueblo y se instituye para para beneficio de éste”, no para beneficio ni de los partidos ni de los políticos que pagamos con los impuestos de todos.

El voto es secreto, vigilado y contabilizado por los ciudadanos mismos y contamos con un árbitro electoral autónomo. Muchos de nosotros hemos sido funcionarios de casilla y podemos afirmar con mucha certeza que ese proceso funciona y funciona bien. Inclusive para los casos de controversias.

Todo lo anterior es una muestra de la madurez de nuestra joven cultura democrática, que durante el presente siglo ha avalado triunfos y derrotas de tirios y troyanos que han gobernado y gobiernan a este país.

Es natural que, en una sociedad como la nuestra, existan posiciones filosóficas y políticas diversas y hasta antagónicas, pero la convivencia sólo se logrará cuando sepamos dirimirlas en las urnas, no en las encuestas de opinión y menos con la violencia.

Ahí es donde se harám realidad los preceptos de la Constitución que se citan al principio de estas reflexiones.

Hoy más que nunca, México necesita que votemos todos, pues, de lo contrario, no podremos exigir a los partidos y a los políticos electos que en el gobierno que encabecen respondan a las necesidades de los ciudadanos.

La elección no garantiza el cumplimiento de esa responsabilidad, pero es un buen principio.

Nosotros decidimos la sociedad que queremos y también la que rechazamos.

No dejes de votar y nos vemos en las urnas.


1.- Dejad toda esperanza, vosotros que entráis aquí (tradución del autor)