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¿Del amor al odio?

No son claros los motivos geopolíticos ni de política exterior del presidente de México frente a la nueva administración demócrata que se inicia el día de hoy.

Porque ya se trata de una cadena de eventos recientes que no tienen una explicación y menos una justificación, por la cual el presidente López Obrador ha decidido distanciarse de los Estados Unidos y enviar señales de enemistad con el presidente Joe Biden. 

Porque no se puede entender de distinta manera la incomprensible duda sobre el triunfo electoral de la presidente estadounidense basada en el pretexto de esperar los resultados oficiales. Claro que ello fue interpretado como un apoyo a la insostenible mentira del presidente Trump que su derrota se debió al masivo fraude que se cometió durante los comicios.

Finalmente, México se convirtió en el último país que reconoció ese claro triunfo del demócrata, además que la felicitación que le envió fue poco diplomática, por decir lo menos. 

Otro evento que se puede incluir en esta categoría fue el episodio de la dramática toma violenta del capitolio, que marcará un antes y un después en la política y la democracia de Estados Unidos.

No fue una simple manifestación, sino una insurrección instigada abiertamente por el presidente Trump, acompañada de intenciones criminales contra el vicepresidente republicano Mike Pence y la presidenta de la cámara de representantes Nancy Pelosi, e impedir la certificación por el legislativo, del triunfo electoral de Joe Biden.

El mundo entero vio con asombro la trasmisión en vivo del autogolpe inducido por el presidente que, aún después de la violencia y del estado de sitio que se declaró en Washington, siguió afirmando que le robaron las elecciones.

Los líderes de muchos países expresaron su rechazo a la insurrección y el ataque a las instituciones democráticas. Los alemanes compararon ese asalto con el incendio del parlamento alemán (Reichstag) en 1933. México guardó silencio otra vez.

La administración demócrata que comienza el día de hoy recibe un país dividido, con graves problemas derivados de la pésima gestión de la pandemia, que incluye el complejo tema de la vacunación, que se superpone a la urgencia de apoyar el desempleo y la recuperación en la actividad productiva.

Como ha anticipado Biden, una de sus más altas prioridades será promover la unidad de la nación y, cómo ha repetido desde la campaña, “recuperar el alma de la nación”, tarea que se enfrentará a la oposición desleal que ha prometido Donald Trump que se apoyara en los 74 millones de simpatizantes que votaron por él.

En el ámbito internacional, se han anticipado cambios de fondo. A nivel multilateral, El regreso de Estados Unidos al Acuerdo de París sobre cambio climático, la cancelación del permiso para la construcción del oleoducto Keystone (Alberta en Canadá a Nebraska), por ejemplo. 

A nivel hemisférico quien será el Secretario de Estado Anthony Blinken ya anunció que el primer día del gobierno demócrata, Estados Unidos mantendrá el reconocimiento como presidente de Venezuela al líder opositor Juan Guaidó, 

El presidente de México tendrá que decidir la ruta que quiere seguir en la relación con Estados Unidos. 

De la última visita de Donald Trump a la zona fronteriza donde colmó de falsos elogios a su “amigo” el presidente López Obrador, y algunas de sus políticas como el despliegue de la guardia nacional en las fronteras norte y Sur, con la nueva administración podríamos entrar en una en una espiral de desencuentros indeseables y aunque sería impensable pero tal vez se está esculpiendo un adversario útil para justificar fracasos internos en temas como las energías limpias, el medio ambiente, la migración, la seguridad, la salud y la pandemia, el cumplimiento de las reglas del TMEC y lo que aparezca en la mañanera del día. 


Foto: https://www.elfinanciero.com.mx/economia/mexico-recupera-la-corona-como-principal-socio-comercial-de-eu