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Lo que el virus nos dejó

 

Esta pandemia global del COVID 19 será recordado por siglos pues ha dejado terribles lecciones para el ser humano que no se pueden dimensionar todavía y menos aún saber si han sido aprendidas verdaderamente. Además, nadie puede predecir con certeza la temporalidad de la recuperación de un daño de esta magnitud. 

Todas las sociedades siguen experimentando angustias y temores y el peor de todos, el miedo a la muerte, por el peligro que no ha terminado, aun con las vacunas a la vista ya en proceso de aplicación.

Porque no es sólo una crisis sanitaria, sino que se han ido entretejiendo capas sucesivas de pandemia, crisis en todo el entramado económico productivo, crisis sociales en empleo y educación, limitaciones y deficiencias en los servicios de salud, que ya acumulaban carencias en muchos países y un desafío a la convivencia, a los estilos de vida y a la cultura, sólo por mencionar algunas áreas con el mayor número de damnificados.

Pero una lección más visible en diversas latitudes ha sido la reprobación a los Estados que fueron rebasados, unos porque no entendieron la gravedad de la alarma, otros porque no se prepararon para el tsunami que en pocas semanas toco tierra en todo el planeta y, en más de un caso, porque actuaron con verdadera negligencia que ronda la línea criminal.

Otra lección que dejó la enfermedad fue la incredulidad y hasta desprecio por la cooperación internacional que se había venido construyendo en los organismos multilaterales desde la segunda posguerra que, comenzando con la Organización Mundial de la Salud y sus oficinas regionales, simplemente no fueron escuchadas por muchos gobiernos. La más preocupante de las actitudes fue el gran divorcio entre la ciencia y la política, en este siglo que se califica del conocimiento pero que se quedó en algunas partes en grados diversos de superchería, caprichos o penosa ignorancia. Ante un problema común no hubo iniciativa alguna de un país o grupo de países convocando a todos los gobiernos para enfrentar esta pandemia. Esta lección no puede ser olvidada.

Una lección que no parece aceptarse en su justa dimensión es la respuesta social entre ignorancia, soberbia y falta de humildad que se retroalimenta todavía, de las actitudes de algunos gobernantes irresponsables a un costo de millones de vidas.

Otra trágica lección fue la incomprensión de muchos Estados que no actuaron oportuna y solidariamente ante la destrucción económica que provocaron las medidas de contención, el aislamiento, la suspensión de la planta productiva, la pérdida de empleos y la agudización de la pobreza y la desigualdad. Los expertos anticipan que aun cuando ya se cuenta con las vacunas y tratamientos médicos efectivos, no será fácil alcanzar la normalidad. Quienes están tomando la más amarga medicina son los países en desarrollo donde llovió sobre mojado, pues ya existían claras señales de la crisis global que se avecinaba.

De hecho, estamos ante una larga transición durante la cual se someterán a revisión muchos de los paradigmas del estatus quo que fue rebasado.

Tal vez la más amarga lección la está experimentando Estados Unidos. Para sorpresa de todo el mundo, el país más poderoso del mundo, la mayor economía global, el centro de las mejores universidades, con el mayor número de premios Nobel y los mejores hospitales y centros de investigación científica, sigue sorprendiendo con el mayor número de contagios y fallecimientos. Al terminar este 2020, con sólo 4.2% de la población mundial, concentra el 24% de los contagios y 19% de los fallecidos. El Covid-19 se infiltró hasta al personal de alto nivel en la, la Casa Blanca, sino a la familia presidencial misma.

Otro caso digno de estudio es México, país que se distinguió por una política errática, incrédula y francamente fallida que le ha conducido a tener, lamentables, varios primeros lugares. 

Comenzando con la tasa general de letalidad1 de 8.9% con cifras oficiales que se sabe que están subvaluadas, mientras que en el mundo el promedio es de 2.2%, También tiene la medalla de oro en el número de personal médico –doctores, enfermeras, camilleros, etc.-- fallecido por la enfermedad debido en gran medida a la insuficiencia y retrasos en los insumos y materiales de seguridad, situación que ya habían sido denunciado con anterioridad al arribo de la pandemia. 

Pero tal vez la mayor deficiencia fue la cadena de errores en el control sanitario y la planeación de la atención médica en favor de la política y la enorme confusión de las prioridades entre la vida, la actividad económica y el endeudamiento del gobierno.

Lo han confirmado la investigación científica y la información estadística, no los disidentes ni los enemigos de los gobiernos, sino los hospitales: el COVID ha sido una enfermedad de pobres tanto en países con alto nivel de desarrollo como en los emergentes, quienes han aportado el mayor número de víctimas por contagios y muertes.

Se tiene que recordar que este peligroso virus ha dejado al descubierto grandes debilidades en varias políticas de los Estados:

  • Que el ser humano y la vida no están en el centro de la política como debería ser 
  • Hizo visible la enorme desigualdad económica y social 
  • Desnudó las carencias en los sistemas de salud de muchos países 
  • La cooperación internacional en materia de salud tiene que ser revisada de manera profunda
  • Que las manifestaciones y bondades de la globalización –transporte, turismo, negocios, --entre muchas— ya criticadas, por cierto, fueron las grandes cadenas de trasmisión mundial del virus.
  • Que el Estado tiene que reinventar la cobertura de los servicios de salud que es un derecho humano consagrado en las leyes nacionales, pero no se actuó en consecuencia. 

Todas las crisis tienen también oportunidades. Tal vez una de ellas sea la necesidad de repensar la convivencia, la educación el turismo, la cultura, los deportes y contar con alarmas tempranas, entre muchas otras medidas derivadas de este costoso aprendizaje.

La educación a distancia practicada desde hace décadas, por ejemplo, con todas sus fallas ofreció ciertamente alternativas mediante la escuela digital en casa y agregó desafíos a los sistemas de educación los que se tienen que aprovechar, como la cobertura de internet de banda ancha a toda la población y la recapacitación para los docentes, por ejemplo.

El trabajo en casa probó igualmente sus ventajas en buen número de actividades que, de hecho, son virtuales en oficinas corporativas ubicadas en edificios de decenas de pisos. Futuras adaptaciones pueden abrir nuevas prácticas en la movilidad en grandes centros urbanos, para aliviar la carga del transporte masivo insuficiente, en el que el ser humano invierte a veces tanto o más tiempo que el dedicado al descanso y la convivencia familiar 

Los trastornos en actividades de alta movilidad como el turismo, por ejemplo, pueden reordenarse en coordinación con los inmensos sistemas de transporte, que a principio de la pandemia fueron unas de las cadenas de trasmisión más visibles. 

El sistema de cooperación internacional en materia de salud podría centrarse en el hombre y consagrar compromisos obligatorios para los Estados quienes deberían contribuir con recursos suficientes para encarar este tipo de desastres biológicos, por encima de sistemas políticos, económicos e ideológicos. 

El mejor ejemplo fue la rápida producción de las vacunas, como resultado de la participación de grupos de científicos de varias disciplinas, ejercicio que se puede seguir realizando como parte de la filosofía de la nueva cooperación internacional intergubernamental.

En pocas palabras las grandes lecciones que ha dejado hasta ahora la pandemia son un llamado a la conciencia para dar prioridad a la vida y a los Estados, a los Estados a que no repitan los errores en los sistemas de salud y sus consecuencias, económicas, sociales, culturales e institucionales, y tomen las medidas de alerta temprana, refuercen la cooperación internacional en materia científica. 

Al terminar el año 2020 se sabía de 84 millones de contagios en el mundo y 1.9 millones de vidas humanas perdidas.


1.- Calculada diviendo el número total de fallecidos entre el total de contagios.