vida_no_vale.jpg

La vida no vale nada

Los datos sobre el costo en vidas humanas de la llamada guerra de México contra las drogas y la criminalidad en general es una verdadera danza de estadísticas 1. Por ello, no se profundizará en los métodos de cuantificación de este fenómeno, sino se explora mejor la respuesta de la sociedad mexicana frente a esa realidad.

Al inicio de 2020 el Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública (SNSP), informó que entre los meses de enero y diciembre de 2019 se registraron en México un total de 34,582 víctimas de homicidios dolosos, cifra que supera por 913 los casos registradas durante 2018. En promedio se muere por esa causa una persona cada 15 minutos para un total de 95 por día. 

Históricamente, si sumamos las cifras de los pasados veinte años, en México fueron asesinados 397 mil seres humanos. Sea en cifras totales o por índice por cada cien mil habitantes, esas estadísticas son de terror, pero la sociedad mexicana parece que se ha acostumbrado. Frente a ello se escucha desesperanza y temor.

En esas dos décadas se perdieron más vidas que durante las siguientes guerras:

  • 49,187. Durante la intervención francesa en México, entre 1862 y 1867
  • 250,000. La Cristiada en México (1926-1929)
  • 116,074. En el conflicto árabe-israelí desde 1948
  • 220,000. En Colombia en la lucha contra las guerrillas, desde 1964
  • 4,000. Durante la caída de Constantinopla en 14532

También es un triste panorama mundial. Las Naciones Unidas reportaba que “más de 464.000 personas murieron en el planeta en 2017 por causas violentas, superando en cinco veces los fallecimientos ocasionados por los distintos conflictos armados que se hallaban en activo, en torno a las 89.000 defunciones”.3

El tema de los feminicidios, aparte de que tiene otros componentes históricos, sociológicos y psicológicos propios, es también una manifestación de esa insensibilidad que, ahora, las mujeres han puesto en la mira de la sociedad. 

También aquí hay varios datos. Según el Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública, durante 2019 se registraron 833 casos a nivel nacional y en la Ciudad de México 231. Otra cifra que se ha repetido en recientes reportajes e informes indica que de 2015 a fines de noviembre de 2019, se cometieron 3,578 asesinatos de mujeres4. Como dato de referencia, en ese mismo lustro los homicidios totales fueron 149,667. De estas mismas fuentes se subraya que en nuestro país son asesinadas entre nueve y diez mujeres cada día.

A todo ello se tiene que agregar que la tasa de impunidad de los delitos en México a nivel nacional es elevadísima, pues sólo se resuelven alrededor diez por ciento de los casos para los cuales se abre la llamada «carpeta de investigación». En siete de las 32 entidades federativas la impunidad es de 99%. En el extremo están Tamaulipas y Veracruz con niveles del 99.9% y 99.8% respectivamente, de casos no resueltos. Quedan fuera de esas estadísticas, los delitos que nunca se denuncian. 5

La comparación internacional revela que México ocupa un vergonzoso séptimo lugar en materia de impunidad que comparte con Somalia que es el primero, Siria el segundo, Iraq el tercero, Sudán del Sur el cuarto, Filipinas el quinto y Afganistán el sexto. En todo el continente americano lucimos definitivamente el primer lugar en impunidad6.

El país cuenta con un sistema de tres poderes, el ejecutivo, el legislativo y el judicial. Sobre este último recae esa inmensa responsabilidad. Las cifras hablan por sí solas, el sistema de justicia no funciona pero esa disfuncionalidad es amplificada por los otros dos poderes. 

Como país toleramos que la corrupción atraviese toda la cadena alimenticia de justicia que debía frenar la criminalidad en todas sus modalidades, desde la policía, los juzgadores, los defensores, hasta las cárceles. Tampoco es motivo de asombro que la delincuencia social como el caso de comunidades que roban combustibles, asaltan trenes, casetas de cobro, y otros más, no se pueda evitar, sino que inclusive se les premie, con argumentos falaces sobre la pobreza.

Leyes e instituciones se suman a la disfuncionalidad. Cada gobierno acomoda las leyes y reglamentos a su propia agenda derivada de muchas de sus utópicas promesas de campaña, pero todos ellos acaban no cumpliendo.

La información sobre los delitos no son sólo las estadísticas, sino una realidad que hace visible la derrota moral de la nación. 

Somo un país del crimen sin castigo.


1.- Para estas notas se utilizaron las cifras del INEGI y para el último año, datos del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública. Aunque otras fuentes dan cifras diferentes y se discuten las clasificaciones de estos delitos, los datos aquí utilizados no dejan dudas sobre la magnitud de esta tragedia nacional.
2.- Ver Guerras por número de muertos, en: https://es.wikipedia.org/wiki/Anexo:Guerras_por_n%C3%BAmero_de_muertos
3.- Informe de anual de la Agencia de Naciones Unidas sobre Narcotráfico y Crimen (UNODC) de 2017, en https://www.publico.es/internacional/son-paises-crimenes-ciudades.html
4.- Ver https://politica.expansion.mx/mexico/2019/11/25/datos-sobre-violencia-contra-mujeres-mexico
5.- Ver https://www.frayintermedia.com/post/2019/11/01/global-impunity-index-2019-somalia-tops-the-rankings
6.- Ver https://www.udlap.mx/igimex/resumenejecutivo.aspx