g72019.jpg

Para terminar la semana, ¿Tiene remedio el G7?

 

En La Paz de Westfalia y siglos después en el Congreso de Viena, lo que se consideraba la «comunidad internacional», se sentó a la mesa para negociar acuerdos y mecanismos específicos que redujeran las tensiones internacionales políticas y económicas así como los conflictos armados entre los grandes actores mundiales. 

En nuestro tiempo, las Naciones Unidas es otro ámbito internacional donde todos los países se fueron sumando para conformar una comunidad internacional con finalidades no solo de reducir los conflictos y guerras entre las potencias, sino dirimir conflictos, promover la paz, procurar el desarrollo económico, social y cultural así como la protección del medio ambiente para beneficio de toda la humanidad.

Cada mes de septiembre la ONU inicia su sesión anual conocida como la Asamblea General (AG) para desahogar una extensa agenda con los temas más acuciantes de nuestro tiempo. Por la AG han pasado la amenaza de la guerra nuclear, la crisis del petróleo, la descolonización de alrededor de cien países, lamentablemente las hambrunas en algunos países africanos, los temas de la brecha entre desarrollo y subdesarrollo, las migraciones y, desde 1972, la amenaza a la salud del planeta por la acción del hombre aunque todavía no queremos entender que es el único que tenemos.

Las potencias económicas, ahora reducidas a un simbólico siete, también tienen su propia capilla, donde ventilan sus intereses y definen en gran medida los destinos del resto del mundo, dirimen sus diferencias frente a la permanente inestabilidad de las economías en la inevitable consecuencia del ciclo económico, con sus etapas de “expansión, recesión, crisis, recuperación y expansión” del que muy pocas economías están exentas. En la actualidad, hay signos claros en Alemania, Estados Unidos y China y en muchos otros países con el ominoso anticipo de una nueva recesión global.

El centro turístico de Biarritz en Francia fue la sede del último encuentro del G7, donde se dieron cita los jefes de estado y de gobierno de Alemania, Canadá Estados Unidos de América, Francia, Italia, Japón y Reino Unido, a los que se agrega por razones de peso económico obvio, la cúpula de la Unión Europea (28). En realidad asisten representantes directos o indirectos de 35 países en total. Además de un par de invitados extraordinarios: Irán e India.

La sesión, dominada en los medios por el presidente 45 y su inefectiva diplomacia, oscurece las cuestiones cruciales de nuestro incierto mundo económico y ambiental, reveló igualmente que esos 35 no tienen soluciones a los complejos problemas económicos que aquejan a la humanidad ni tampoco políticas que busquen atenuarlas o eliminarlas, pues desde hace pocos años sólo hay luchas intestinas entre ellos: Europa vs Estados Unidos en materia comercial y cambio climático; China vs Estados Unidos en abierta guerra comercial; Inglaterra vs Unión Europea en desacuerdo sobre su divorcio; todos contra EUA por cambio climático y otras cuestiones ambientales. Bueno eso sería suficiente.

Ahora que el fantasma de la recesión amenaza al mundo, las sesiones del G7 mostraron su agotamiento e ineficiencia para enfrentar los retos económicos globales. El encuentro confirmó que el poder estadounidense y su antiguo liderazgo, por temor o convencimiento, quedó atrás. De hecho fue un G7 menos uno.

Y debido a la incapacidad del presidente 45 para ejercer ese antiguo papel hegemónico la reunión se diluyó en dimes y diretes, desplantes y conflictos interpersonales con sus pares, no es de extrañar que ya se escuchen voces que aconsejan suspender temporalmente ese foro mientras siga siendo presidente D. Trump, “un espectáculo incoherente” como dijo un periodista.

Boris Johnson todavía está verde, monsieur Macron no tiene el peso político global necesario, Angela Merkel está de salida, Trudeau no tiene interés en competir con su vecino, Shinzo Abe prefiere no levantar la voz ni entrar en conflicto e Italia con un primer ministro renunciado e reinstalado. Entonces el panorama es desolador y tendremos que abandonar cualquier esperanza.

El presidente 45 no se comprometió, es decir ni asistió a la mesa donde se ventiló el tema del cambio climático, abundó en amenazas contra China en materia arancelaria y no está sintonizado con los ominosos signos de una factible recesión global. Es decir, rompió la cohesión de ese foro antes todopoderoso.

Y el balde de agua fría, su insistencia en que Rusia se reintegre al selecto grupo de “democracias occidentales”, como acostumbran calificar al G7 muchos funcionarios europeos y americanos.

En medio de esa nueva “cumbre”, se cruzó la tragedia del Amazonas que lo consumen casi 75 mil incendios, que sólo sirvió para confirmar la poca autoridad que tiene ese foro que acabó ofreciendo 20 millones de dólares para apoyar el esfuerzo brasileño par controlar esa debacle ecológica, pero terminó en triviales diferencias personales entre el presidente francés y el de Brasil.

En un par de semanas veremos en la Asamblea General, un nuevo encuentro entre los representantes de alto nivel de los países y un tsunami de discursos, muchos aderezados para consumo interno en los países que representan. En la tradición de oradores, el primero será el de Estados Unidos, seguido del brasileño.

Los temas destacados en la cumbre del G7 llegarán sin duda a Nueva York. No Parece que estemos en un momento en el que la comunidad internacional, es decir los alrededor de 200 países tengan la capacidad para ofrecer soluciones a los conflictos actuales y las nuevas amenazas de enfrentamientos en varias partes del mundo.

Tampoco se esperarían acciones concretas sobre el cambio climático y las consecuencias de la acción destructora del hombre en los grandes pilares del planeta: la tierra, el agua, y la atmósfera de los que depende la humanidad.

Es interesante mencionar la recepción que le dieron en Nueva York a la joven activista danesa Greta Thunberg quien hizo el viaje trasatlántico en un velero que no consume combustibles fósiles como fuente de energía, la cual será sin duda una voz que se escuchará con mayor atención en Naciones Unidas, que las declaraciones de los líderes del G7, es decir los países más importantes y desarrollados del mundo.

Este es el mayor reto para toda la humanidad del que no podemos desentendernos.