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Amazonia en peligro

Hoy el fuego está devorando enormes superficies de vegetación tropical que constituye una de las grandes reservas naturales y el clima de nuestro planeta, la Amazonia que ocupa mayormente tierras de Brasil, pero también es compartida por Bolivia, Perú, Colombia, Venezuela, Ecuador, Guyana, Surinam y la Guyana francesa. La superficie estimada total ronda las 7 millones de kilómetros cuadrados.

Hoy también expresamos nuestra solidaridad con las sociedades tanto de Brasil como de las nueve naciones que también son parte de la historia y la cultura de toda la humanidad.

El fuego que destruyó el Museo Nacional de Brasil y el que ahora está arrasando la selva tropical no fueron productos del azar, ya que en ambos casos han sido acciones provocadas por el hombre, bien por hacer o por dejar de hacer.

No hablamos de unos cuantos incendios ya que las noticias informan de más de 70 mil en una extensa zona. El hacer o dejar de hacer se origina en diversos factores políticos, económicos, sociales y ambientales entre los que se pueden mencionar la agresiva decisión de ampliar la frontera minera y agrícola muy festinada en los años del boom de las materias primas con centro de gravedad en China.

“En los últimos 50 años, Brasil ha cedido el 17% de la extensión original del bosque, más que el área de Francia, a la construcción de carreteras y represas, la tala, la minería, la agricultura de soja y la ganadería. […] Debido a que el 70-80% de la tala en el Amazonas es ilegal, la destrucción se ha disparado a niveles récord” 1. Adicionalmente el artículo de The Economist critica la política del nuevo presidente de Brasil pues “Desde que asumió el cargo en enero, los árboles han estado desapareciendo a un ritmo de más de dos Manhattans por semana.” 2

En otras palabras, los incendios que oscurecen ciudades brasileñas enteras tocan el corazón del desarrollo que no puede mantenerse a costa de la destrucción de la naturaleza, como lo ha sostenida la comunidad internacional desde hace décadas, con el agravante de que esa «envidiable» producción agrícola y ganadera será la primera que pagará el costo de la deforestación, como ya sucedió durante la sequía de 2015 y otras que se han presentado en el pasado reciente.

Hace 27 años, se celebró en Rio de Janeiro la Cumbre de la Tierra, como se llamó a la sesión de las Naciones Unidas que reunió a 178 gobiernos del mundo y donde participaron el mayor número de organizaciones no gubernamentales asociadas a la conservación de los recursos naturales del planeta.

El objetivo entonces y ahora es el mismo, asegurar el desarrollo sustentable, es decir el desarrollo que permita “Satisfacer las necesidades de las generaciones presentes sin comprometer las posibilidades de las generaciones futuras para atender sus propias necesidades”. Para tal fin se adoptó el Programa 21 o Agenda 21 que enumera muchas de las 2500 recomendaciones de los principios adoptados en la declaración oficial de ese evento.

Brasil, como muchos otros países firmaron esos compromisos y elaboraron su propia Agenda 21. En este documento, oficial, declaraban que “La cuestión del desarrollo y la protección de la región amazónica debe considerarse una cuestión nacional y no sólo regional. El crecimiento de la región amazónica debe promover la integración económica y social interna y externa, ampliar y mejorar la infraestructura, estimular las inversiones productivas, preservar áreas estratégicas de la región, estimular el uso conservacionista de los recursos naturales y valorar la sociedad local con la afirmación de la marca Amazonas.”3

Pero las críticas nacionales e internacionales han llovido sin parar. Destacaré dos de ellas.

A nivel nacional, la ex ministro de medio ambiente de Brasil Marina Silva, afirmó abiertamente que “Son varias razones combinadas. La primera son las quemas ilegales practicadas por una gran cantidad de personas durante la temporada seca para hacer el desmonte. También tiene que ver con la negligencia para fiscalizar la deforestación, porque desde que Jair Bolsonaro era candidato, y ahora como presidente, ha impulsado la idea de que los fiscales agroambientales no van a “molestar” a los agricultores con multas, así que la idea de que se estaban liberando tierras en la Amazonia se esparció. La tercera razón es el debilitamiento de los órganos de control ambiental, que en Brasil son tres: el Instituto Brasileño del Medio Ambiente y de los Recursos Naturales (Ibama), una especie de Fiscalía ambiental; el Instituto Chico Méndes, que gestiona los bosques exclusivos para conservación, y el Servicio Forestal Brasileño. A este último, Bolsonaro lo retiró del Ministerio de Ambiente y lo puso en el Ministerio de Agricultura, donde se manejan intereses que conflictúan con la conservación.”4

Como se decía al principio, responsabilidad por hacer o por dejar de hacer.

Una muestra de las fuertes reacciones internacionales adversas provino del presidente Francés, quien lanzó un tuit con el siguiente texto: “Nuestra casa se está quemando. Literalmente. La selva amazónica -los pulmones que producen el 20% de nuestro oxígeno- está en llamas. Es una crisis internacional. Miembros de la cumbre del G7, discutamos esta primera orden de emergencia en dos días.”5

Aunque durante la cumbre del G7 no se suscribirá una declaración por la resistencia e incapacidades diplomáticas del presidente 45 frente a sus pares y su ignorantísima posición sobre el cambio climático tendremos que esperar los ecos del llamado francés que, por cierto es el único país que tiene territorios colindantes con la Amazonia en su antigua colonia, la Guyana francesa.


1.- The Economist, Deathwatch for the Amazon, 3rd August 2019.
2.- Ibidem
3.- Agenda 21 Brasileira, Resultado da Consulta Nacional, en https://www.mma.gov.br/estruturas/agenda21/_arquivos/resultcons.pdf
4.- https://www.elespectador.com/noticias/medio-ambiente/tanto-la-izquierda-como-la-derecha-irrespetan-la-amazonia-marina-silva-articulo-877650
5.- https://www.youtube.com/timedtext_video?ref=player&v=R-lswD8Mq48&ar=1566801004029&o=U