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¿Y los otros temas urgentes?

Se optó por cancelar el proyecto del aeropuerto en Texcoco.

Votaron a favor 747 mil personas equivalentes al 0.08% de los mexicanos en edad de votar.
Que cada uno de nosotros saque sus conclusiones. Ya iremos viendo las respuestas del exterior.
Porque llegamos al término de un sexenio político pero también al final de una época de nuestra nación.
La sociedad mexicana está polarizada, desconcertada y rodeada de incertidumbres, luego de los pasados cuatro meses de transición entre la administración anterior y la elegida el primero de julio.
Con dudas y cautela, subsiste la esperanza entre tirios y troyanos. Esperamos que eso no comience a desvanecerse después de la consulta, por ejemplo o a partir del primero de diciembre.
Aunque el tema del aeropuerto ha absorbido la atención de los medios mexicanos y extranjeros, llegó el momento de retomar la consideración abierta de otros temas que están en el centro de las preocupaciones cotidianas de todos nosotros: la inseguridad y la violencia, la impunidad, la desigualdad económica y la corrupción.

Inseguridad

Los ciudadanos a veces hasta no queremos hablar de ello, porque representa la fea cara de la violencia sin freno en todos los rincones de México. Las fosas clandestinas en muchas partes del país, los asesinatos de periodistas, los feminicidios, la desaparición de menores y jóvenes de ambos sexos, obviamente el narcotráfico y su confrontación bélica contra el estado y la sociedad, además de las luchas entre los propios carteles. Mueren más seres humanos en México que en algunas de los conflictos armados en otras latitudes.
Pero no para ahí. El poder de la delincuencia se ha diversificado abarcando otras oportunidades en el robo de combustible a la nación, la trata de personas, el descarrilamiento y asalto a trenes, autobuses, transportes de carga, en algunos casos con participación social –aunque parezca increíble— y muchos otros delitos como el robo de autos, el mercado negro de celulares robados con violencia, la casi tolerada extorsión telefónica desde las cárceles. Lo malo es que se puede seguir.
México ha perdido su paz y vivimos con temor en un país donde impera el crimen sin castigo, es decir falla el derecho y la justicia.

La Impunidad

Las cifras son espeluznantes. Sólo se castiga el uno porciento de los delitos que se cometen en México. Somos un país en papel, con algunas leyes de nivel mundial, pero que no se cumplen.
La justicia se puede evadir por muchos caminos que confluyen en un gran hoyo negro que es la impunidad. Juzgadores, autoridades policíacas, políticos, etcétera colaboraron en la cadena de acciones que han conducido a que por la vía jurídica torcida e ineficiente, la ilegalidad y otras deformaciones sociales y éticas, invadan tantos ámbitos que pasan a formar, casi, parte de los “usos y costumbres”.
La desigualdad económica es otra herencia ancestral --obviamente anterior al gobierno saliente o a los 70 años de dominio del PRI— que no hemos podido corregir como nación, pues mantenemos una de las situaciones extremas en nuestro continente y estamos en desventaja con países de otras latitudes.
El tejido que conecta y aglutina inseguridad, impunidad y desigualdad es la corrupción que ha dominado la vida nacional desde que tenemos memoria. Han sido tocados por ella virreyes, presidentes, gobernadores, políticos, legisladores, revolucionarios, académicos, empresarios, líderes sindicales, burócratas y otra larga lista.
Así al cerrarse la página del aeropuerto ahora tenemos voltear los ojos a esos asuntos, para conocer las propuestas específicas, programas y metas cuantificables y trasparentes que ofrezca el nuevo gobierno, para visualizar nuestro futuro.
La 4T prometida, tiene que ofrecer esos proyectos específicos de tal forma que la sociedad se mueva de la esperanza a los resultados concretos y reales en el bienestar. No se esperarían las dádivas que ya han fracasado estrepitosamente en nuestro país y en otras latitudes.

La corrupción

Finalmente, el combate a la corrupción es la gran tarea de México.
Tiene también profundas raíces en la historia misma de la patria llena de historias de las que sólo se habla quedito. Y no porque sea un defecto de los mexicanos, pues en toda sociedad del mundo se presenta, sino porque ha dañado la convivencia misma y el fondo de la filosofía política de la nación, es decir ha acentuado las desigualdades antes señaladas del poder y la democracia, el derecho y la justicia y la riqueza y su distribución.
Además, hay que tener muy presente que se requieren dos manos para aplaudir, al igual que para la corrupción. Cuando se habla de corrupción, ipso facto se señala con el dedo flamígero al gobierno, a los políticos, a los partidos, etc., y claro que muchos han dejado claras huellas de ello, pero eso sólo explica una parte. La otra parte -la que se da y se beneficia—también es culpable, sea el sector de los negocios privados o muchos otros actores, incluyendo el ciudadano común que compra comodidades de todo tipo y está dispuesto a usar el camino ilegal para ello.
Sí, la corrupción es un fenómeno que se presenta en todas las tallas: extra chica, chica, mediana, grande y extragrande, por lo que se ha llegado al límite de convertir esa práctica en un modus vivendi. Porque se ha consolidado un círculo vicioso de corrupción-impunidad, que le ha ido ganando terreno a la honestidad y a la transparencia.
Sostengo que un freno, no el único pero uno que sí es disuasivo, es la sanción. Así que son bienvenidas las acciones concretas de la campaña de eliminar la corrupción en todas las tallas. Si el aeropuerto de Texcoco que se decidió cancelar fue una cuasi conspiración de organizaciones, negocios y/o personas --no se han dado a conocer los datos— para obtener beneficios ilegales, lo que espera la sociedad mexicana es que se inicien las acciones legales para no convertirlo en una denuncia más que vaya a parar a la red de impunidad.
De otra forma, quedará sólo como un acto de fuerza política como ha sucedido en otras transiciones históricas –desde la misma revolución de independencia— donde se plantearon grandes esperanzas y el resultado final de esos cambios fue que las cosas siguieron igual. Rompimientos históricos con la época previa, pero sin tocar la filosofía política.