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La vida después del TLCAN

“Hay un presidente imperial, y lo puede hacer porque
nuestro sistema dependía de que el presidente no iba a estar loco” 1
Paul Krugman sobre el presidente Trump

Decía Justin Trudeau en su intervención del pasado 14 de octubre en el Senado de la República que “Para tener una situación de ganar-ganar- ganar; es necesario que se consigan mejores normas, mejores salarios y mejores condiciones de trabajo, por ello nuestras prioridades políticas y económicas deben ser las de nuestros ciudadanos”.

Unas cuantas semanas antes, cuando desde los Estados Unidos el presidente 45 había advertido a través de uno de los diversos tuits, sobre estas mismas negociaciones del TLCAN, que se deberían elevar los salarios en México.

De la parte mexicana el Secretario de Economía, Ildefonso Guajardo Villarreal en respuesta a ese planteamiento, palabras más palabra menos afirmó que la política salarial de México es un asunto estrictamente interno por lo que rechazó que se vaya a negociar como parte del TLC. No obstante, se defendía la tesis de que nuestro país buscaría elevar la competitividad de América del Norte. Aquí el tema va más allá de la calidad y capacidad de los negociadores comerciales y de los representantes del sector privado mexicanos –que la tienen— pero hoy se requieren respuestas visionarias con el mayor respaldo posible de otras fuerzas políticas. Esta negociación exige respuestas políticas y diplomáticas que vayan más allá de la actual posición comercial relativamente débil. Deberíamos saber también cuál ha sido la posición de la Secretaría del Trabajo pues su titular forma parte del equipo negociador.

Otras voces han optado por considerar que los salarios no se pueden elevar por decreto, lo que es un rechazo tangencial a un aumento en los salarios, aunque esa idea se complementaba con la conveniencia de sujetarlo a la elevación de la productividad.

Si precisamos un poco el concepto, la productividad es el principal motor de la competitividad. Por su parte, se sabe que ésta última no se puede mantener a base de salarios bajos, subsidios o manipulación monetaria, por lo que, si la aspiración de nuestra nación es que América del Norte sea competitiva, se tiene que pensar obligadamente en aumentar la productividad, tanto del trabajo como del capital.

Si se acude a las cifras sobre la productividad en nuestro país, la OCDE es una de las mejores fuentes que viene cuantificando este fenómeno desde hace varios años. La productividad del trabajo medida a través del PIB por hora por trabajada se muestra en la Gráfica 1.

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Es decir, desde la entrada en vigor del TLCAN hasta el 2015, la productividad de México, medida a través del GDP por hora trabajada, ha aumentado un modesto 17% en veinte años, mientras que la de Canadá lo ha hecho en un 27% y los Estados Unidos en 41%. Es un lugar común para quienes se oponen a elevar los salarios, que ello sólo se podría realizar en función de aumentos sostenidos en la productividad, además de que ello provocaría presiones inflacionarias. A su vez quienes defendemos la tesis opuesta, argumentamos que es necesario aumentar los salarios y el nivel de vida en general, como factores de impulso a la productividad, la competitividad y el bienestar y el desarrollo económico y social. Entonces, la pregunta es ¿quién es el responsable de aumentar la productividad, los trabajadores, los empresarios o el estado?

Si se defiende la tesis de que los trabajadores son quienes no pueden o se resisten a elevar la productividad, se olvidan sencillamente factores esenciales sobre la forma en que se conduce la producción de bienes y servicios en una
nación y se desconocen las disciplinas administrativas y de gestión de los negocios tanto públicos como privados. En este ámbito todos coinciden en que la eficiencia de los mismos se logra mediante la combinación óptima de los recursos humanos, financieros, administrativos, técnicos, así como el aprovechamiento de los mercados nacional e internacional, que constituye la productividad general. Trabajadores y empleados sólo juegan un papel importante, pero no tienen la capacidad para la toma de decisiones en las otras áreas que dependen de los inversionistas.

Así que la pregunta subsiste. ¿Los trabajadores son quiénes tienen sobre sus hombros la elevación de la productividad?

Como se comprueba con los indicadores de competitividad y su eje principal, la productividad, las naciones desarrolladas o en desarrollo que han decidido establecer políticas nacionales para mejorar de manera substantiva el bienestar
económico y social, no se han rezagado.

Se decía, al principio de esta nota, que el país seguirá enfrentando desafíos en la negociación del TLCAN de parte de Canadá y de los Estados Unidos, lo que podría llevar a diversos escenarios: a) que México abandonase las negociaciones ante la falta de reciprocidad de los Estados Unidos, b) a la nada remota opción de que los otros dos socios llegasen a un acuerdo dejando fuera a México, c) la tantas veces anunciada denuncia del Tratado por los Estados Unidos, que podría conducir a un eventual acuerdo bilateral Canadá y México, d) la suscripción de un mediocre arreglo que se tuviese que aceptar por la superposición de los tiempos políticos electorales en México y en los propios Estados Unidos o, el en caso de EUA por las presiones de algunos sectores industriales y agropecuarios abiertos beneficiarios de la ventajas del TLCAN pero que como sucedió con la derrota del «Obamacare», podría estar sujeto a decisiones unilaterales posteriores (órdenes ejecutivas por ejemplo), restricciones u otras medidas dañinas para el comercio y las inversiones.

Paul Krugman decía el mismo día del temblor del 19 de septiembre, que él estimaba en 25 porciento 2 las posibilidades de que fracasaran las negociaciones trilaterales y desde diversos ámbitos se escuchan voces pesimistas: el “crepúsculo del NAFTA” 3

Frente a ello, lo que se esperaría es una respuesta más creativa de corte político 4 , además del contexto económico y comercial alrededor del TLCAN, y hacia el interior, por los siguientes caminos:

1. Considerarlo como una oportunidad de oro, que se le presenta al país, para recomponer su futuro económico, en un entorno de interdependencia menos asimétrica con un solo mercado.

2. Utilizar y aprovechar la existencia de los tratados de preferencias arancelarias de México, con más de 40 países para ampliar y profundizar la apertura comercial, la diversificación geográfica y por productos, tanto para exportaciones como para importaciones. Existen diversas contrapartes en el mundo, con quienes podríamos retomar esa vieja expectativa.

3. Volver los ojos y revaluar nuestra posición en el sistema multilateral en la Organización del Comercio Mundial para aprovechar los esquemas y ventajas del comercio internacional que se siguen conservando como
miembros de la OMC.

4. Aceptar esta realidad y estructurar un marco institucional de carácter permanente con participación pública, privada, académica, laboral, científico técnica y financiera para estudiar sistemáticamente cómo mejorar
la productividad de la producción nacional y su contraparte, el bienestar, con metas nacionales, sectoriales y regionales.

5. Incluir en los planes nacionales de desarrollo, metas a corto, mediano y largo plazo para cumplir esos objetivos de elevar la productividad, así como las metas inseparables del bienestar.

6. Establecer marcos de coordinación entre los componentes de la competitividad, incluidas las grandes áreas básicas como son las instituciones, la infraestructura, la salud y la educación desde la básica hasta la superior, el entorno macroeconómico, la eficiencia de los mercados de bienes, financieros, laborales, la innovación científica y tecnológica y la compleja cuestión ambiental.

7. Acelerar el establecimiento de las zonas económicas especiales en el sureste del país y continuar con otros clústeres por sectores que impulsen la innovación científica y tecnológica en áreas productivas de bienes y
servicios.

8. Convocar a las fuerzas políticas y actores económicos para formalizar un proyecto a corto, mediano y largo plazo para reducir las desigualdades ancestrales en sus dimensiones de poder y democracia, derecho y justicia yriqueza y su distribución, es decir la filosofía política de la nación que queremos ser.

9. Los ciudadanos tenemos la palabra y el voto para exigir a los cientos de aspirantes a cargos de elección popular que expresen abiertamente sus compromisos sobre las manifestaciones de las desigualdades política,
social y económica inseparables unas de otras como la falta de seguridad, la justicia quebrada, la pobreza imparable y la educación insuficiente entre otras.

10. En este proyecto de renovación otro eje fundamental será la conformación de un programa a corto y mediano plazo también para reformar las instituciones con miras a alcanzar mayor eficiencia en la atención a la
ciudadanía, instaurando de manera definitiva y programada el servicio civil de carrera que impulsaría la profesionalización de la burocracia, la estabilidad en la calidad de los servicios públicos y la reducción en las ilegalidades que son una fuente permanente del cáncer social que es la corrupción.

En suma, no se deber buscar un plan B, sugerido por algunos, sino el plan A, basado en los temas antes enumerados. No podemos volver a cometer el mismo error de hace 25 años cuando descansamos en “el petróleo y las playas” al decir también de Krugman, la mano de obra barata hoy insostenible, una dañada educación nacional, apenas en su etapa inicial de recuperación y, sobre todo un país con una desigualdad arrastrada desde que la nación alcanzó su independencia hace casi doscientos años.


1 Nota de Claudia Castro en el periódico El Universal, Fin del TLCAN “sería un BREXIT para México”, advierte Nobel de Economía, 19 de septiembre 2017 en http://www.dineroenimagen.com/2017-10- 19/92081
2 Algunos comentaristas indicaron que luego del anuncio de los resultados de la cuarta ronda de negociaciones en Washington, Krugman elevó su estimación.
3 Héctor Aguilar Camín, periódico Milenio, 16 de octubre de 2017 http://www.milenio.com/firmas/hector_aguilar_camin_dia-con- dia/crepusculo-nafta- sunset_clause- pena_nieto-donald_trump_18_1049475052.html
4 Leonardo Curzio, El ocaso del TLCAN, periódico El Universal, 16 de octubre de 2017, en http://www.eluniversal.com.mx/articulo/leonardo-curzio/nacion/el- ocaso-del- tlcan