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¿Cuánto nos cuesta eso que en México llamamos democracia?

¡Los números lo dicen todo!

El costo de las dos instituciones relacionadas directamente con la organización, gestión, supervisión y fiscalización de los procesos electorales se elevó según el Presupuesto de la Federación para 2016, a $18,152,202,995.00 (sí leyó usted bien, dieciocho mil millones, ciento cincuenta y dos millones, doscientos dos mil novecientos noventa y cinco pesos).

A ello, se tienen que agregar las contribuciones al financiamiento de los partidos políticos que para este mismo año fueron $3,953,688,321.00 (tres novecientos cincuenta y tres millones mil seiscientos ochenta y ocho millones trescientos veintiún pesos).

El total de egresos por el mantenimiento de estas dos entidades, más las contribuciones a los partidos políticos se elevan a un total de $ 33,626,037,461 (treinta y tres mil millones, seiscientos veinte seis mil millones, treinta y siete mil cuatrocientos sesenta y un pesos).

Para facilitar la lectura de esas cifras, a partir de aquí, las cifras se darán en miles de millones. Eso significa que el total del párrafo anterior es de $33.6 (miles de millones). Para tener una idea del tamaño de ese presupuesto, baste mencionar que con ello se podrían sostener tres UNAMs ($11.3 miles de millones), once IPNs ($3.2 miles de millones).

Igualmente, conviene tener una mejor idea de lo que ha costado el Instituto Nacional Electoral y el financiamiento a los partidos durante los últimos años. Las cifras que ofrece el INE en su página Web indican que entre 1987 y 2016 el país ha desembolsado la bonita suma de $60.5 miles de millones de pesos distribuidos entre los partidos con registro.

La Gráfica 1 muestra el financiamiento anual y su acumulación durante todo dicho período de casi dos décadas.

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Pero la pregunta que tenemos todos, es ¿para qué ha servido ese inmenso desembolso ciudadano que entrega el Estado a los partidos?

¿Tenemos democracia?

A mi parecer, hoy en día, los partidos políticos mexicanos, no representan a la sociedad y menos sus intereses, ya que el financiamiento ha servido para sostener una clase política a la que le otorgamos el fuero para que representen sus propios intereses y lo aprovechen para el enriquecimiento personal muchas veces ofensivo que hemos visto pasar ante nuestros ojos. Sólo que la sociedad mexicana se ha vuelto, casi podría decir tolerante. Basta leer y escuchar los medios.

La esencia de la democracia consiste en otorgar temporalmente el poder a algunos ciudadanos para que nos representen en los órganos de poder y para que sirvan a esta sociedad mediante decisiones, leyes, programas, mecanismos, instituciones, etc., y para que los recursos colectivos llamado presupuesto federal se destinen a esos fines políticos, sociales y económicos.

Los fines políticos se expresan en el poder y la democracia, los fines sociales en el estado de derecho y la justicia y los fines económicos en la riqueza y su distribución. Pero retrospectivamente encontramos que en esas tres categorías se refleja la desigualdad que lamentablemente define a nuestra sociedad. Acumulamos falta de democracia, ausencia de justicia y permanencia de la pobreza desde que somos nación independiente, al tiempo que dejamos pasar la desigualdad que no hemos sabido corregir y que se ha amplificado cada vez más.

Así las desigualdades política, social y económica se retroalimentan una con otra y se crean otras desigualdades encadenadas. En el caso del poder y la democracia, el ambicioso esquema de partidos no ha dados los resultados esperados y por el contrario se ha creado un Frankenstein corrupto que no podemos controlar, pues gasta sin medida, tienen enormes canonjías derivadas del fuero y tenemos numerosos e incontables casos de enriquecimiento ilícito que no hay autoridad alguna que pueda contrarrestar y menos eliminar. La corrupción se ha adueñado de la vida política con el agravante de la otra gran ilegitimidad que ha penetrado niveles públicos bajos, medianos y altos, así como otras de los negocios y la vida cotidiana. La corrupción es tangible, se ve, se sufre, y crea confusiones.

Por su parte, la justicia muestra otra de las caras de esa desigualdad, pues es para quien puede pagar los mejores abogados y largos juicios, tiene la mejor capacidad para corromper a quienes les entregamos el poder temporalmente, precisamente para hacer justicia. No se castiga el delito, por grande, visible u ofensivo que sea para la sociedad. Sí se castiga al delincuente menor, de los que están llenas las cárceles, pero se escapan de esa acción muchos miembros de la clase política, gobernadores, diputados, senadores, ministros, además de “servidores públicos” de todos niveles.

En el tema de la riqueza, la desigualdad es verdaderamente ofensiva. El salario real ha descendido en las últimas tres décadas y obviamente la pobreza ha aumentado. Cabalgamos en un corcel moderno en el sector productivo de exportación en manos fundamentalmente de las corporaciones globales pero la otra mitad va montada en un jamelgo viejo, lento, enfermo que es gran parte de la economía interna, informal o que emigra a buscar el famoso “sueño americano” que se desvanece, o busca y encuentra empleo en la creciente y ya visible ilegalidad, presente ahora en los atavismos raciales del presidente 45 de EUA:

La otra cara de las monedas de la desigualdad política, social y económica brevemente indicadas antes es la impunidad. Las instituciones políticas no están diseñadas para rendir cuentas, sino para ocultarlas, el sistema judicial no tiene capacidad para investigar y castigar las conductas delictivas de nadie que tenga una credencial de diputado, senador, alcalde o simplemente guarura. Así como la corrupción es tangible en concesiones, contratos, puestos, prebendas, evasión fiscal, abiertos despojos y todas las monerías de que hemos oído hablar en los últimos y escandalosos casos, la ética es dominada por la impunidad. Está en los principios, en la educación, en los valores, en las creencias mismas y, obviamente, en las leyes y su dudosa aplicación.
Pero estos son los resultados de lo que aquí llamamos democracia, que algunos analistas nos han ilustrado que es la más costosa del mundo. Y Vaya que es costosa como lo ilustran las cifras, pero paradójicamente, no nos da soluciones a los problemas del poder y la democracia, ni de la aplicación de la justicia o de la distribución de la riqueza.

Caben aquí las grandes fallas del sistema electoral propiamente dicho que está en la base de la democracia. El Estado es benefactor, pero no de la democracia, sino del sostenimiento de los partidos políticos, que han dado muestras suficientes y claras de estar conectados a la corrupción desde la selección de los candidatos --«juanitos», broncos, mesías tradicionales y nuevos, independientes, sin saber de quién o de qué, chapulines, oportunistas, narcisistas, iluminados, juniors, parientes de narcos y otras faunas más exóticas— las campañas políticas vacías de contenido y llenas de trivialidad y mal gusto, el uso y mal uso del dinero para la promoción del voto, el gasto en los mensajes por los medios llamados spots, (como se diría en inglés), las pintas en la ciudad. Todo eso, sin olvidar los famosísimos casos de mal uso de fondos o de información confidencial, conductas mafiosas y delictuosas.

De todo este relicario conocemos denuncias, justificaciones, ocho columnas, chismes, pero no tenemos la certeza de nada, porque el Estado no esclarece las denuncias o le aclara a la sociedad la culpa o la inocencia. Se pueden citar muchos casos, pero se refieren algunos muy conocidos. La terrible contaminación ambiental de la empresa minera en Sonora; la Línea 12 del Metro; las irregularidades o ilegalidades sobre el manejo del Padrón Electoral, por cierto, en dos ocasiones por el mismo partido; los fraudes de la empresa Oceanografía; la selección en uno de los partidos de la chapodiputada; los misterios de la actriz de telenovelas sobre el narco; la verdad sobre el nombramiento de la pareja Abarca; y eso para no citar la piedra en el zapato y vergüenza del país, de los estudiantes normalistas; el tiempo anticipado de campaña de uno de los partidos tradicionales y el de otro de reciente formación. En este último caso, desde que obtuvo el registro este partido de un hombre y sus seguidores, el INE le ha entregado ya 520 millones de nuestros pesos, como se ve en el Cuadro 1.

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Entonces, cuando los partidos de oposición criticaban el sistema autoritario del PRI, la falta de democracia y todas las prácticas corporativistas, corruptelas, líderes sindicales a perpetuidad, etc., es decir la desigualdad política, en el momento en que se hicieron del poder, cayeron en la misma trampa de la corrupción y la impunidad, como lo revelaron los famosos “moches”, sólo por mencionar una muestra de su falta de honestidad, conflicto de intereses, enriquecimientos ilícitos, y nombramientos injustificados desde funcionarios menores hasta embajadores.

Se trata de las contribuciones financieras a los partidos políticos aportadas por el Estado, pero no están sujetos al escrutinio severo, ni a la rendición de cuentas y menos transparencia en su aplicación. Las cámaras de diputados y senadores han aprobado esos sesenta mil millones de dólares durante las dos décadas pasadas y los generosos recursos para el sostenimiento del INE y el TRIFE de 18 mil millones más, sólo para 2016, pero la democracia parece que todavía tardará en llegar muchos años.

Uno de los últimos intentos de la sociedad contra esa impunidad, fue responder a una iniciativa ciudadana que propuso un camino que redujera la obscuridad que permite para caer en la corrupción y la transparencia en el manejo de los recursos federales. Se reunieron más de 600 mil firmas para que el legislativo aprobara la obligación de que los candidatos a puestos de elección popular y los servidores públicos, presentarán tres documentos clave para tratar de conocer su patrimonio, su compromiso fiscal y los eventuales conflictos de intereses en la famosa propuesta 3de3.

Todavía estamos esperando los tiempos políticos y las negociaciones entre los partidos para que esta disposición histórica sea aprobada, pues además se combinó con la iniciativa presidencial para una ley anticorrupción. Una muestra más de que nuestra costosísima democracia todavía tardará en dar resultados.


1 .- Ver Presupuesto de Egresos de la Federación para el ejercicio fiscal 2016, publicado por la Cámara de Diputados del H. Congreso de la Unión, Secretaría General, Secretaría de Servicios Parlamentarios del 12 de noviembre de 2015, en http://www.diputados.gob.mx/LeyesBiblio/pdf/PEF_2016.pdf

2 .- Ver la página Web del Instituto Nacional Electoral, en http://www.ine.mx/archivos3/portal/historico/recursos/IFE-v2/DEPPP/PartidosPoliticosyFinanciamiento/DEPPP-financiamiento/financiamientopublicopartidosnacionales/FINANCIAMIENTO_PUBLICO_1997-2016.pdf