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Estados Unidos de América Presidencia en caos, país bipolar

El mundo –bueno no todo— sigue indignado por sus ofensas, atropellos, pero sobre todo por su ignorancia e incapacidad para dirigir los destinos de la nación que surgió como la potencia del siglo XX y que ganó, compró u obligó a muchos adeptos a girar en su esfera de acción en el hegemónico e indiscutible liderazgo que consolidó.

Los medios nos tienen asediados con las noticias que difunden las amenazas, bravuconerías y sobre todo los cientos de mentiras -- que han sido recopiladas por periodistas muy serios— contra todo y contra todos. Sean contra Rusia, México y China o temas como el comercio, la migración, la historia de su propio país, o la guerra.

En su país, al azuzar y defender –con otras mentiras— a la subcultura nazi-fascista y racista de los K.K.K. y la «supremacía blanca» ha profundizado la enorme división en la sociedad estadounidense, al tirar a la basura los valores que le dieron prestigio en términos de democracia, justicia, inclusión social y tolerancia. El resultado visible y aterrador, es que se abrió la caja de pandora guardada desde el fin de la guerra civil del XIX que nos ha revelado que esa sociedad bipolar una de cuyas caras son las antorchas incendiarias o el linchamiento contra los otros –antes eran esclavos, ahora son negros, latinos, musulmanes, comunidades gais— no había desaparecido, sino que siempre existió y ahora hasta la capucha se han quitado y le agregaron la suástica. Y esa bomba de la reaparición de los envalentonados neonazis y antisemitas K.K.K. ha tocado hasta el corazón de su propia familia. Esas inclinaciones han sido criticadas desde muchos ámbitos dentro y fuera del país. Llamó poderosamente la demostración de berlineses que criticaron al mandatario de EUA por su apoyo a los neonazis y las renuncias de algunos miembros del comité y el foro de asesores empresariales de alto nivel, que ipso factor por medio de otro tuit presidencial, simplemente los canceló.

Esa mancha tóxica del presidente 45 mantiene una abierta guerra contra los medios a quienes llama la “oposición”, creadores de «noticias falsas» que él mismo trata de combatir con tuits con numerosas faltas de ortografía, por cierto, en un inglés infantil y elemental. No puedo identificar a ningún periodista estadounidense profesional y respetado que no haya sido ofendido. Y para remate la oficina de prensa de la casa presidencial, ha ido de peor en peor, con el más deplorable e irresponsable manejo frente a la sociedad.

El mismo partido republicano que lo llevó a la presidencia a través de las alianzas de los comités electorales, no ha sido capaz de sacar ninguna iniciativa de las promesas de campaña, ni en el tema de salud, ni en el indispensable presupuesto. A más de siete meses de la toma de posesión, ahí también ronda la sombra de la profunda división que ha provocado. Por ello, como buen narcisista “in chief” sólo puede legislar por decreto, al mejor estilo de cualquier «república bananera», caprichoso como Mugabe o autoritario como Maduro.

El desaseado manejo de la propia oficina de la presidencia no es una excepción, pues ahí se refleja con más claridad, que la división toca hasta a sus colaboradores más fieles. Sus asesores de más alto nivel se mezclan con el nepotismo puro hacia su familia como la hija predilecta y el yerno que la acompaña. La renuncia de S. Bannon, el hasta hace la eminencia gris del presidente 45, es tan ominosa desde fuera como lo fue desde la campaña y en la oficina de la presidencia.

Los europeos, comenzando con quien debía mantener su relación especial, el Reino Unido y siguiendo con los otros 27 de la Unión Europea, ya lo calaron y sufrieron, y no se aguantaron las ganas de llamarlo ignorante y de limitado vocabulario y el menos adecuado para seguir siendo el líder de «Occidente». Tal vez la gran excepción, fue Francia, donde fue invitado del flamante presidente que lo invitó a celebrar el desfile del Día de la Bastilla, es decir el aniversario de la Revolución Francesa. Con suerte el presidente 45 hubiera preferido ir a Versalles.

El mundo entero está en vilo. ¿Va a atacar militarmente a Corea del Norte? ¿o el incontrolado líder de ese país, será tan imbécil como para provocar una guerra nuclear a expensas de la humanidad? antes, durante o después de la “furia y el fuego” con que les amenaza el estadounidense. Parece que China, la potencia económica y militar que es hoy en día, habría maniatado aparentemente al coreano. Para no hablar de los misiles a Siria, la “madre de todas las bombas” en Afganistán, las amenazas a Arabia Saudita, la advertencia de intervención militar en Venezuela y, claro, el generalizado escenario anti islam, aún dentro de los Estados Unidos mismo.

En este entorno, enrarecido, las delegaciones de Canadá y México se reunieron la semana del 14 al 18 de agosto con la contraparte estadounidense para iniciar las negociaciones dedicadas a la modernización del TLCAN. Según el presidente 45 este ha sido el peor tratado comercial que hayan firmado los Estados Unidos y en un desplante de campaña que sigue defendiendo, quiere como meta máxima, denunciarlo como hizo con el TTP o, en segunda prioridad, desmantelarlo para que los Estados Unidos sean quienes se beneficien únicamente a costa de sus socios de la región de Norteamérica. En el agresivo estilo negociador de The Art of the Deal, el representante estadounidense recibió con baldes de agua fría a los ministros de Canadá y México con propuestas tan irracionales desde el punto de vista económico y financiero, como la de reducir el déficit de EUA con México y en menor medida con Canadá, entre otros detalles igualmente proteccionistas y aislacionistas alejados de la realidad de la economía internacional. Por cierto, ésta última apertura y liberalismo que tantos años defendió Estados Unidos en sus kissingerianos días de libre comercio y el Consenso de Washington, se tiraría por la borda. En este entorno, es comprensible la reacción de los dos interlocutores que abandonaron Washington con cajas destempladas y nubarrones de que ese país no quiere negociar, sino que se le entreguen las plazas. Porque finalmente el hilo se rompe por lo más delgado y México se ubica en esa zona con una interdependencia asimétrica perversa y débil. Por ello, apenas tres días después, declaró en su visita proselitista a la frontera con México, “En lo personal, no creo que podamos llegar a un acuerdo con el TLCAN porque se han aprovechado mucho de Estados Unidos, pero ya veremos qué es lo que pasa”, en una obvia línea de presión adicional hacia México.

Estas notables escisiones con el mundo entero, con la sociedad estadounidense, con su propio partido republicano, con los medios, con los migrantes, con los musulmanes, con el personal de la presidencia, con los socios de América del norte, y otros más, son parte de los demonios liberados conscientemente porque una parte de la sociedad estadounidense lo eligió y piensa exactamente igual que él.